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Ese Extraño Por La Mañana

  Es muy temprano, está algo oscuro cuando me dirijo al baño. Prendo la luz, un rápido lavado de cara para despejarme no logra su cometido y me dispongo a afeitarme. Enchufo la afeitadora, y comienzo mi tarea, de pronto como salido de la nada veo un extraño frente de mí. Talvez aún esté dormido, pensé, pero  la afeitadora en mi mano era real, y la sensación de estar despierto era completa. Tratando de contener el pánico que quería apoderarse de mí, agudicé mi visión y lo que descubrí era un rostro desconocido. Mientras una sensación rara se apoderaba de mí, y sin saber que hacer y sin poder cerrar los ojos para no ver la amenaza y evadirme de la situación lo observé y vi que un anciano estaba frente de mí, sus cabellos canos y ralos, no estaban bien peinados, surcos de arrugas cruzaban su frente, dos bolsas bajos los ojos, y su mirada, no denotaba sentimiento alguno, talvez un  dejo de tristeza, parecía serena. 
  Cuantos años tendrá, me pregunté y supuse muchos. El paso del tiempo se reflejaba en ese rostro sereno y sentí empatía para con él. Sin querer apagué la luz y la visión desapareció. Aliviado prendí la prendí nuevamente, el cuarto se iluminó y ahí estaba el desconocido observándome. Traté de ignorarlo, tratando de ocultar el miedo intenté afeitarme pero las manos me temblaban y un frio me recorrió todo el cuerpo. En medio de mi confusión lo miré a los ojos y el me miró a mí. No podía hablar por el temor que me embargaba, ni el me hablaba. El tiempo corría o se había detenido, todo era una nebulosa. Mí cerebro trabajaba a full pero no lograba moverme y menos para salir corriendo. Su impavidez como mofándose de la situación me alteraron y enajenado yo, algo me sacudió internamente y quedé paralizado.

Hasta que de repente la voz de mi nieta me volvió a la realidad.
-¿Abu, que haces frente al espejo?