No siempre uno es preciso en lo que expone y por lo tanto no siempre es comprendido. En el afán de primiciar los acontecimientos hablamos, gesticulamos y obviamente exageramos.
Muchas veces contamos con la complicidad generosa de algún amigo que nos avala aún en la locura.
Expresar ideas no es fácil sin previa meditación de los alcances y consecuencias de nuestros dichos. Pero inefablemente actuamos al calor de las discusiones o intercambios de ideas, como quieran llamarlo.
La rapidez para responder al otro, en caliente, nos puede dejar muy mal parados y expuestos a una demoledora respuesta.Pero siempre la tardanza nos deja en desventaja.Nos puede y nos debe salvar la lucidez mental , esa espontaneidad que solo los genios poseen. Y la pregunta es:¿Somos genios?
No, claro que no.
Debemos pues prepararnos previamente para la contienda verbal siempre.Desarrollemos nuestro intelecto y cuidémoslo como un tesoro.
Si hablamos pensando solo en nosotros, los demás dejarán de prestarnos atención y poco a poco se alejarán.Todos esperan ser partícipes -sobre todos los amigos- de la charla , de los cuestionamientos y las soluciones.
No estás solo muchacho, tu mundo no es una isla, estás rodeado de personas, hechos y circunstancias. Todo lo que hagas o dejes de hacer tendrá consecuencias para alguien , principalmente de tu entorno, lo que te presiona a abandonar tu individualidad para pensar en comunidad.
No significa resignar tus valores, objetivos y tus sueños sino a plantearte el hecho de compartirlos en un ámbito de comprensión y camaradería.
Los individualismos son geniales en el tenis single pero no en el de parejas.
El fanatismo te aísla y te destruye.
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