El lunfardo es una de las expresiones más interesantes de nuestra identidad cultural. Está en el tango, en el humor, en las conversaciones de café, en las calles de Buenos Aires y, aunque muchas veces no nos demos cuenta, en nuestra manera cotidiana de hablar.
Lo curioso es que muchas personas hablan lunfardo todos los días sin saber que están utilizando palabras que nacieron hace más de un siglo.
1. ¿Cómo nació el lunfardo?
Para comprender su nacimiento, tenemos que viajar a la Buenos Aires de la segunda mitad del siglo XIX, especialmente a las décadas de 1870, 1880 y 1890.
La ciudad estaba cambiando a una velocidad extraordinaria. Llegaban inmigrantes de Italia, España y otros países europeos, atraídos por las posibilidades de trabajo y una vida mejor. En las calles se escuchaban diferentes idiomas, acentos y dialectos.
Muchos de aquellos inmigrantes vivían en los llamados conventillos: casas grandes divididas en numerosas habitaciones, donde convivían familias de distintas procedencias.
Imaginemos aquella escena: un italiano que habla su dialecto, un español recién llegado, un criollo nacido en estas tierras y un vecino que conoce palabras heredadas del campo. Todos comparten el patio, el trabajo, las dificultades y las alegrías.
En ese contacto cotidiano, las palabras comenzaron a mezclarse, transformarse y adquirir nuevos significados.
Así fue tomando forma el lunfardo, un vocabulario popular urbano del Río de la Plata. Sus primeros testimonios escritos se remontan a la década de 1870.
¿Nació como un idioma secreto de los delincuentes?
2. ¿Qué significa exactamente la palabra «lunfardo»?
3. ¿De dónde vienen las palabras lunfardas?
Una aclaración interesante: el cocoliche
4. El vesre: cuando las palabras se dan vuelta
Vesre
Migo
Dorima
Feca
Gotán
Lompa
5. Diccionario práctico del lunfardo
TodasVida cotidianaPersonasDineroConversaciónEstados de ánimoVesre
Laburar
Morfar
Feca
Guita
Mango
Bondi
Fiaca
Yeta
Bacán
Gil
Chabón
Berretín
Ortiva
Piola
Chamuyo
Versear
Engrupir
Mina
Pibe
Guita
6. El tango: el gran difusor del lunfardo
7. ¿El lunfardo sigue vivo o es cosa de nuestros abuelos?
Expresión | Significado habitual |
|---|---|
«Está buenísimo» | Algo es muy bueno o agradable. |
«Me rescaté» | Me di cuenta, reaccioné o cambié mi actitud. |
«Qué bajón» | Qué decepción o qué situación desagradable. |
«Está re piola» | Está muy bueno, es agradable o ingenioso. |
«No me des bola» | No me prestes atención. |
«Me clavó el visto» | Vio mi mensaje y no respondió. |
8. ¿Qué diferencia hay entre lunfardo, argentinismo y jerga?
9. ¿Cuándo se empezó a estudiar seriamente el lunfardo?
10. Un pequeño ejercicio: ¿cuánto lunfardo usás sin darte cuenta?
"Che, cuando salga de laburar, tomamos un feca y después vamos a morfar. Pero no me vengas con chamuyo, ¿eh?"
Ver traducción al castellano cotidiano
En definitiva, ¿qué representa el lunfardo?
Esta es una de las grandes confusiones sobre el lunfardo.
En sus comienzos, algunas de sus palabras estaban relacionadas con los ambientes marginales, el delito y los sectores populares de Buenos Aires. Los primeros estudios sobre este vocabulario estuvieron muy vinculados con el mundo policial.
Por eso, durante mucho tiempo se lo consideró una especie de código utilizado por delincuentes para que los demás no los entendieran.
Pero esa explicación es incompleta: el lunfardo no fue exclusivamente un lenguaje del delito. Desde sus orígenes se fue extendiendo por distintos sectores de la sociedad y, con el tiempo, se convirtió en parte del habla cotidiana de los argentinos y los uruguayos.
Se suele relacionar la palabra con lombardo, gentilicio de Lombardía, una región del norte de Italia. Una explicación tradicional sostiene que el término habría adquirido antiguamente asociaciones con los ladrones, aunque su etimología no debe presentarse como completamente indiscutida.
Hoy, cuando hablamos de lunfardo, nos referimos principalmente a un conjunto de palabras y expresiones populares que enriquecen el español rioplatense.
No es un idioma independiente, con una gramática propia que sustituya al castellano. Es un vocabulario que incorporamos a nuestra manera de hablar.
Por ejemplo, una persona puede decir:
«Tengo que trabajar».
«Tengo que laburar».
Las dos frases se entienden perfectamente. La segunda tiene ese matiz coloquial, familiar y expresivo que reconocemos como muy nuestro.
Lo mismo ocurre con «comer» y «morfar», o con «dinero» y «guita».
El lunfardo no se limita a reemplazar palabras: muchas veces aporta humor, complicidad, ironía, afecto o una manera particular de mirar la realidad.
Una de las cosas más fascinantes es que el lunfardo nació de muchas fuentes. No fue obra de una persona ni de una sola comunidad.
La influencia italiana
Fue fundamental, especialmente por la gran inmigración. Del italiano y de sus dialectos llegaron voces que se adaptaron al habla local.
Algunos ejemplos son laburar, relacionada con el italiano lavorare (trabajar); yeta, asociada tradicionalmente con el dialecto genovés ietta; y fiaca, vinculada al italiano fiacca, debilidad o falta de energía.
El español popular y otras lenguas
El contacto entre hablantes de distintas regiones produjo palabras nuevas y cambios de significado. También hubo aportes del portugués, el francés y otras lenguas.
Bondi, por ejemplo, llegó del portugués brasileño, donde la palabra se relacionaba con el transporte urbano. En Argentina terminó convirtiéndose en una forma popular de llamar al colectivo.
El habla criolla y rural
El lunfardo también convivió con expresiones del mundo gauchesco y con voces procedentes de otras tradiciones lingüísticas presentes en el territorio argentino.
No todo lo popular que decimos es lunfardo, pero el habla rural y el habla urbana se influyeron mutuamente.
Quizá hayas oído hablar del cocoliche. Era una forma de hablar que surgía cuando inmigrantes italianos mezclaban elementos de sus lenguas de origen con el español.
El cocoliche y el lunfardo están relacionados históricamente, pero no son lo mismo.
Cocoliche: mezcla lingüística característica del contacto entre el italiano y el español.
Lunfardo: vocabulario y expresiones populares que se incorporaron al habla rioplatense.
El contacto entre las distintas lenguas contribuyó a la formación del lunfardo, aunque no todas sus palabras proceden del cocoliche.
Si hay algo que demuestra el ingenio del habla popular, es el vesre.
El nombre viene de invertir las sílabas de la palabra revés. Consiste, precisamente, en alterar el orden de las sílabas para producir otra forma de decir algo.
Mirá estos ejemplos:
Revés
La transformación
Amigo
Forma coloquial acortada; no es un vesre estricto
Marido
Se invierte el orden de las sílabas
Café
Se invierte el orden de las sílabas
Tango
Se invierte el orden de las sílabas
Pantalón
Forma abreviada e invertida
No todas las transformaciones son inversiones perfectas: algunas recortan sílabas o combinan procedimientos. El vesre, además, no es un mecanismo exclusivo del lunfardo antiguo; sigue apareciendo en el habla popular.
Lo interesante es que estas deformaciones suelen tener una intención lúdica. El hablante juega con el idioma, crea complicidad y le da a la conversación un tono diferente.
Estas son algunas palabras que probablemente conozcas y que permiten apreciar la riqueza del vocabulario popular rioplatense.
Elegí un tema para explorar las palabras.
Trabajar
Comer
Café
Dinero
Dinero; también, según el contexto, una cantidad pequeña
Colectivo
Pereza, desgano
Mala suerte o quien la trae
Persona de buena posición o que vive cómodamente; el matiz depende del contexto
Ingenuo, tonto
Tipo, individuo; históricamente tuvo otros significados
Capricho, afición intensa o ilusión
Persona antipática, poco dispuesta o aguafiestas
Astuto, hábil o agradable, según el contexto
Palabrerío persuasivo; también, conversación seductora
Hablar mucho para convencer, impresionar o disimular
Engañar o hacerle creer algo a alguien
Mujer, en el uso coloquial
Chico, muchacho
Dinero
Hay una observación importante: no existe una frontera absolutamente fija entre el lunfardo, el argentinismo y el habla coloquial. Las palabras cambian con el tiempo, y su clasificación puede variar según los investigadores y el contexto.
El tango fue decisivo para que muchas palabras lunfardas trascendieran los barrios populares y llegaran a un público mucho más amplio.
En los primeros tiempos, el tango estaba asociado a ambientes populares, cafés, patios, bailes y barrios de Buenos Aires. Sus letras hablaban de amores perdidos, pobreza, amistad, engaños, desengaños, trabajo, nostalgia y vida cotidiana.
¿Y qué mejor herramienta para contar esas historias que el lenguaje que la gente usaba en la calle?
Las letras de tango transformaron muchas expresiones populares en parte de la memoria colectiva.
Algunos ejemplos conocidos:
«Mano a mano», de Celedonio Flores, con música de Carlos Gardel y José Razzano, utiliza una expresión cotidiana para hablar de una relación y de las cuentas que deja la vida.
«Yira yira», de Enrique Santos Discépolo, presenta una mirada amarga sobre la soledad y la desilusión.
«Cambalache», también de Discépolo, utiliza un lenguaje directo y popular para formular una crítica social.
No todas estas letras están escritas íntegramente en lunfardo. Su importancia radica en que el tango incorporó el lenguaje popular a la poesía y lo convirtió en vehículo de emociones y de crítica social.
El lunfardo, a su vez, encontró en el tango un medio extraordinario para perdurar.
Está muy vivo. Y eso es quizás lo más sorprendente.
El lunfardo no es una colección de palabras antiguas guardadas en un museo. Es un fenómeno dinámico: algunas voces desaparecen, otras recuperan su popularidad y otras nuevas surgen entre los jóvenes.
Por ejemplo:
No todas estas expresiones tienen el mismo origen ni todas son lunfardismos históricos. Algunas son argentinismos coloquiales o innovaciones recientes. Lo importante es que ilustran cómo se renueva nuestro lenguaje.
Una palabra puede comenzar en un grupo pequeño, extenderse por las redes sociales, pasar a la televisión y acabar formando parte del habla habitual. O puede desaparecer en pocos años.
También cambian los significados. El investigador Oscar Conde, por ejemplo, explica que chabón tuvo antiguamente el sentido de una persona ingenua y luego recuperó popularidad con el sentido más general de individuo o tipo.
Aunque a menudo se confunden, conviene distinguirlos.
Lunfardo
Vocabulario popular rioplatense con una historia propia, marcado por la creatividad lingüística y por sus cambios de significado. Ejemplos: laburar, morfar, feca.
Argentinismo
Palabra o expresión característica del español de Argentina. Puede ser lunfarda, regional o simplemente una particularidad del español argentino. Ejemplos: colectivo, pollera, birome.
Jerga
Vocabulario propio de un grupo social, una profesión o una actividad. Existe jerga médica, jurídica, juvenil y también delictiva. El lunfardo es una forma de vocabulario popular urbano, pero no toda jerga es lunfardo.
La distinción no siempre es tajante: una misma palabra puede pertenecer a más de una categoría según el contexto.
Durante mucho tiempo, el habla popular fue considerada menos digna de estudio que el lenguaje literario formal.
Un hito fundamental llegó el 5 de septiembre de 1953, cuando el escritor e investigador José Gobello publicó Lunfardía, una obra que ayudó a consolidar el estudio del lunfardo como fenómeno lingüístico y cultural.
Años después, el 21 de diciembre de 1962, Gobello y otros intelectuales fundaron la Academia Porteña del Lunfardo, dedicada a investigar y difundir el habla popular y la cultura porteña.
Desde el año 2000, cada 5 de septiembre se celebra en la Ciudad de Buenos Aires el Día del Lunfardo. La fecha recuerda la publicación de Lunfardía.
Podés conocer más en el sitio de la Academia Porteña del Lunfardo: academialunfardo.org.
Leé esta frase:
¿Cuántas palabras reconocés?
Lo notable es que la frase resulta completamente natural para muchos argentinos. No necesitamos detenernos a pensar de dónde viene cada palabra para entenderla.
Ese es el triunfo cultural del lunfardo: dejó de ser algo marginal para convertirse en parte de la conversación cotidiana.
El lunfardo es mucho más que una lista de palabras curiosas. Es una huella de nuestra historia social, de la inmigración, de la convivencia entre distintas culturas y de la capacidad popular para transformar el idioma.
En sus palabras conviven el conventillo y el café, el puerto y el barrio, el tango y las nuevas generaciones. También conviven la ironía, el ingenio, la ternura y una forma muy particular de expresar las cosas.
Quizá por eso algunas palabras lunfardas resultan tan difíciles de traducir a otro idioma: su significado no está solamente en el diccionario, sino también en el tono, en el contexto y en la experiencia compartida de quienes las usan.
El lunfardo nos recuerda que un idioma no se construye solamente en las academias ni en los libros: también se construye en la calle, en las conversaciones y en la imaginación de la gente.
Y tal vez esa sea su característica más argentina: la capacidad de tomar palabras de distintos lugares, darles una vuelta inesperada y convertirlas en algo propio.
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