Hoy es el día. Hoy la veré.
Me levanto temprano para prepararme, estoy ansioso, muy nervioso, pero feliz.
Me rasuro con cuidado los escasos pelos de mi barba y luego voy a la ducha.
El baño me despabila. Cuido todos los detalles: me lavo la cabeza con un buen champú comprado para la ocasión y el jabón tiene un rico perfume, me agrada.
Mientras me seco pienso en ella, tarareo una canción y me siento contento.
Busco en el placar algo digno para el momento. El mejor jeans, camisa nueva de color no llamativo y campera color verde petróleo ó algo así, buena marca y elegante.
Los zapatos bien lustrados como nuevos, muy limpios y brillantes.
Me pongo algunas gotitas del perfume más suave y rico que tengo y estoy listo.
Desayuno apresuradamente, veo las noticias en TV y espero la hora para salir en su búsqueda. ¿Cuánto pasó desde que la vi por última vez? Una semana y me parece una eternidad.
Se hace la hora de marchar en su encuentro.
Salgo a la calle, el día parece saludarme con su sol radiante y el frío acaricia suavemente mi rostro.
Camino raudamente porque quiero acortar la espera lo más posible.
Por momentos no siento el suelo bajo de mi y me parece volar sobre nubes de algodón.
Llego a su casa, abro la puerta y ahí esta ella. Sentada, esperándome sonriente y más hermosa que nunca.
Voy a su encuentro, la tomo en mis brazos, la estrecho contra mi pecho, aspiro su aroma y la beso con dulzura.
No nos decimos nada.
Nos miramos y sonreímos.
Caminamos por el cuarto abrazados, bailamos sin música, tan unidos que parecemos uno solo.
Quiero recuperar todo el tiempo perdido y no la suelto.
Después llegado el momento, la coloco sobre la cama y suavemente comienzo desnudarla.
Ella me mira y me deja hacer. Sonríe.
No me atrevo a mirarla... Solo busco el pañal y la cambio .
Mi nieta sonríe, sonríe..
Nota: Primera edición 29/07/2009





